En noviembre del 2008, otro de tantos aviones aterrizó en el aeropuerto de Nagoya. Increíblemente, yo iba en él. Durante meses había estado fantaseando con una expedición en solitario en la que daría la vuelta a la isla… en bicicleta. Durante meses, la cosa no pasó de ahí. No era más que eso: un sueño, una utopía. No tenía ninguna ruta en mente, no quería visitar ningún lugar en concreto. Al menos eso creía hasta que el avión, tras despegarse al fin de una masa de nubes, sobrevoló la cordillera de Suzuka. Decidí entonces que atravesaría esas montañas y, pedaleando sin más entre los arces y los cedros, alcanzaría la costa del lago Biwa. ¿Y después? No estaba muy seguro, pero tampoco me importaba demasiado. Así, sin más criterio que el de dejarme llevar de ciudad en ciudad, de isla en isla, empezó Susonotabi: El viaje de Suso.



Con un par, si señor
Wow, bonita empresa la tuya, ya me gustaría a mi poder hacer lo mismo….
Por cierto, la foto hace que te den ganas de estar ahí.