Viernes, 9 de Enero del 2009.
Debajo de la autopista espero resignado a que deje de llover, o a que me hagan ya la autopsia de una vez. Podría al menos volver a lloviznar que es lo que lleva haciendo toda la mañana.
Esto no es lo que me prometió el hombre del tiempo ayer por la noche. No hace demasiado frío, pero tampoco soy capaz a entrar en calor, porque cada dos minutos tengo que parar en un semáforo, con cuidado de no ahogarme en los charcos. Y para colmo no se que le pasa a mi bici, que en el momento que le pongo las alforjas todo es menos hermoso, los coches pasan mas cerca y las faldas son mas largas.
Tardo eones en llegar hasta la nacional 20 que mas o menos sigue el trazado de la Koushuu Kaidou. Bajo la autopista me voy alejando semáforo a semáforo de Tokyo, y a medida que la temperatura baja mi humor mejora. Paro tomarme el segundo desayuno de rigor y a secarme un poco en un Konbini mientras me tomo un Kappumen. Termino engullir mi comida sentado en una de las mesas que hay dentro del Konbini y salgo a la calle. Empieza a llover más fuerte así que me siento delante de una lavandería a esperar otra vez a que pare de llover.
Después de un corto sueño, y una pequeña charla con una mujer que pasaba por el lugar reanudo la marcha. Siguiendo los carteles azules que indican a Hachioji, siempre en zona urbana. Poco a poco el famoso monte Takao se acerca la carretera asciende, la temperatura desciende y empieza a nevar. Una euforia incontrolada me empuja a pedalear mas fuerte, a respirar mas hondo y a negarme a aminorar la marcha sólo porque la carretera se ponga cuesta arriba. En medio de este trance el paisaje cambia, y el bosque de semáforos, postes y farolas se convierte en pinos, cedros y arces que se abalanzan sobre mí mientras atravieso un telón de copos de hielo.
En mi frenético ascenso ya sobre el asfalto congelado dejo atrás a varios conductores patinando en la cuneta mientras las finas ruedas de Emebeka-dono cortan la escarcha como si fuese merengue consiguiendo el agarre justo para salvar las rampas que me llevaron hasta la cumbre de este pequeño puerto de algo más de 300m.
El frío en las manos me saca ese estado que me empujó como un poseso hasta la cumbre y empiezo el descenso con pies de plomo, haciendo lo imposible por evitar que la rueda delantera derrapase.
En Sagamiko, ya no cuaja la nieve en la carretera aunque aún cae algún que otro copo despistado. Cruzo el centro del pueblo, bajo hasta el lago. Junto a un embarcadero lleno de cisnes de plástico y ballenas de fibra de vidrio hay un pequeño parque. Una marquesina con el techo verde será mi techo, un buen lugar en el que hacer recuento de las pérdidas.


Vaya frio has tenido que pasar en la bici.Con lo friolera que soy no se si yo sería capaz de aguantarlo xD
Leyendo tu entrada y viendo la foto, me dieron ganas de ir por la bufanda y los guantes

Es admirable cómo te acuerdas de las cosas, de las pequeñas cosas, porque si fuera yo, solo me acordaría del frío
Un cordial saludo
Como en puerto pajares jejejeej !
Información Bitacoras.com…
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@Nerya: reconozco que no soy nada friolero, pero que se mojasen los guantes no estaba en mis planes porque se suponía que eran impermeables.
@Fani: Menos mal que no era el Pajares! porque si a 300 metros nevaba así no me quiero ni imaginar el frío que podría hacer a más de 1000m
@Nora: En realidad no recuerdo los detalles pero al leer el diario y mirar los mapas lo recuerdo todo.
Si… como para subir a Pajares en bici ahora!! jajajaj Y a estas alturas de la vida y siendo asturiano te sigues fiando de los hombres del tiempo?? jajajajajaj No puede ser eso! jajajajaj