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	<title>susonotabi &#187; ciervos</title>
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	<description>Odisea cicloturista de un Suso en Japon</description>
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		<title>Test de paciencia.</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Feb 2010 14:43:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>susonauta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sur de Inglaterra]]></category>
		<category><![CDATA[acampada]]></category>
		<category><![CDATA[ciclismo]]></category>
		<category><![CDATA[cicloturismo]]></category>
		<category><![CDATA[ciervos]]></category>
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		<category><![CDATA[sevenoaks]]></category>

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		<description><![CDATA[Sentado sobre la hierba, en la entrada de un prado, repongo fuerzas y raciono el agua que me queda. Mientras termino de subir aquella colina, confío en encontrar alguna señal del camping que está pintado en mi mapa.
Bajo otra colina, subo y vuelvo a bajar. En medio de la nada, el icono de una caravana [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Sentado sobre la hierba, en la entrada de un prado, repongo fuerzas y raciono el agua que me queda. Mientras termino de subir aquella colina, confío en encontrar alguna señal del camping que está pintado en mi mapa.</p>
<p align="justify">Bajo otra colina, subo y vuelvo a bajar. En medio de la nada, el icono de una caravana sobre fondo marrón me indica el lugar hacia el que he de ir. Cruzo la carretera, y sigo el cartel por una estrecha carretera en medio de un robledal.<img style="display: block; float: none; margin-left: auto; margin-right: auto" src="http://farm5.static.flickr.com/4015/4292273511_b776f90c85.jpg" alt="Pueblo Inglés" width="500" height="317" /></p>
<p align="justify">Tras la casa de madera que hacía las veces de recepción se podía intuir un prado en el que había varias caravanas aparcadas. me bajo del la bici y subo unos escalones hasta la puerta  de recepción.<span id="more-795"></span></p>
<p align="justify">“vuelvo a las 6pm” decía la nota que había escrita a mano sobre la puerta. Pues son las 6:05 pienso mientras me siento a esperar en los escalones de la entrada. Estará al llegar.</p>
<p align="justify">Pasa el tiempo y ya no soy el único que espera. Una pareja espera dentro de un Saab lastrado por una caravana. Me levanto y paseo por el porche, hecho un vistazo por curiosidad a un mapa que hay colgado en una especie de tablón de anuncios mato el tiempo investigando a que otro sitio podría ir. Y son y cuarto y por aquí no aparece nadie. Empiezo a cansarme de esperar cuando encuentro en el mapa un albergue.</p>
<p align="justify">-No estaría mal dormir a techo- pienso, y decido que si a y media no viene nadie me piro.</p>
<p align="justify">No vino nadie y me fui por donde vine. En cada cruce que giraba parecía que la carretera se estrechaba. Hasta que volvía estar en un camino estrecho como el primer día. A ambos lados de los setos que me impiden ver el paisaje los campos se extienden hasta la una ancha autopista con los coches que van y vienen de Londres. En uno de los campos me parece ver algo moverse. Dejo de pedalear y paro a curiosear. Entre las ramas de sauce veo los surcos del arado y sobre la tierra oscura corretea una bandada de faisanes en busca de comida.</p>
<p align="justify">El paisaje de los campos los setos y los faisanes se terminó bruscamente. Dejó paso a las casas con jardín y garaje a juego con la decoración anexo a la casa. Un chalet tras otro, pasaba mientras miraba a ambos lados a ver si encontraba el albergue. Pero la carretera se terminó y allí no había ningún albergue.</p>
<p align="justify">Después de pensar un rato que hacer y sin nadie a la vista a quien preguntar por el albergue. Decido emprender mi huída hacia delante, con la excusa de recortar distancia con la ruta de mañana. Cruzo la autopista, y entro cruzo una pequeña ciudad y la carretera se adentra en un bosque. Será un buen lugar para pasar la noche. Pero antes tendré que encontrar la manera de cruzar la alambrada que impide a los animales salvajes cruzar la carretera y a los Susos invadir el bosque.</p>
<p align="justify">Era de noche cuando encontré una puerta. Era una puerta especial que tenía dos marcos y al abrir por un lado se cerraba por el otro. Lo cual dificultaba bastante que pasase al otro lado con la bici. Después de jugar al tetris con mi bici consigo entrar, empujo un rato la bici hasta que encuentro un enorme castaño bajo el que no hay maleza. Empujo mi bici hasta las enormes raíces y empiezo a sacar las cosas para acampar. Estaba abriendo la bolsa de la tienda de campaña cuando escucho unos ruidos. Me quedo quieto, y presto atención. Algo está rebuscando entre las hojas secas no demasiado lejos. Agarro la cámara de fotos y escondido tras el tronco del castaño me asomo con cuidado a investigar.</p>
<p><a title="Seven Oaks por Susonauta, en Flickr" href="http://www.flickr.com/photos/jesgf/4293018328/"><img style="display: block; float: none; margin-left: auto; margin-right: auto" src="http://farm5.static.flickr.com/4010/4293018328_80043505e3.jpg" alt="Seven Oaks" width="500" height="325" /></a></p>
<p>¡Pero si es Bambi en persona! ¿Pero que haces tan lejos de Nara koen hombre? No ves que por aquí hablan raro.</p>
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		<title>11ª Etapa: La ciudadela</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Jul 2009 13:58:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>susonauta</dc:creator>
				<category><![CDATA[suso no tabi]]></category>
		<category><![CDATA[alforjas]]></category>
		<category><![CDATA[bicicleta]]></category>
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		<category><![CDATA[ciclismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Himeji]]></category>
		<category><![CDATA[Japón]]></category>
		<category><![CDATA[susonauta]]></category>

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Viernes 28 de Noviembre.

Esa noche no la pasé sólo del todo. El marido de Yunko-san durmió en el restaurante y yo en la tienda. Desde el pueblo subimos todos juntos, -los abuelos, los nietos, la nuera y yo-, los escasos 600m que hay hasta la zona de acampada en un pequeño coche. Antes de dormir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- 		@page { size: 21cm 29.7cm; margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --></p>
<p style="page-break-before: always;" align="justify"><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Arial,sans-serif;">Viernes 28 de Noviembre.</span></span></p>
<p style="page-break-before: always;" align="justify"><span style="color: #000000;"><a href="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/07/d00073.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-247" title="ciervo japones" src="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/07/d00073.jpg" alt="" width="500" height="333" /></a></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial,sans-serif; color: #000000;">Esa noche no la pasé sólo del todo. El marido de Yunko-san durmió en el restaurante y yo en la tienda. Desde el pueblo subimos todos juntos, -los abuelos, los nietos, la nuera y yo-, los escasos 600m que hay hasta la zona de acampada en un pequeño coche. Antes de dormir comparto con el marido de Yunko-san una taza de té.</span><span style="color: #000000;"><span id="more-244"></span></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial,sans-serif; color: #000000;">-Ten cuidado con los ciervos,- me dice desde su silla giratoria de oficina -bajan muchas veces hasta aquí-</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial,sans-serif; color: #000000;">-¿y los jabalís? ¿no bajan?- digo al tiempo que refrigero mi lengua quemada por el té.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial,sans-serif; color: #000000;">-Si, los jabalís también- responde como si nada.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial,sans-serif; color: #000000;">Yo creía que los jabalís eran más peligrosos que los ciervos pero, a lo mejor estoy equivocado. Pienso mientras me meto dentro de mi saco.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial,sans-serif; color: #000000;">Eran las tres o las cuatro de la mañana, cuando me despierto. Escucho unos ruidos. Me incorporo, me quito los tapones de los oídos, aguzo el oído y entrecierro los ojos. Efectivamente algo está removiendo hojas en la oscuridad. Muy despacio corro la cremallera de la tienda, y miro con mucho cuidado de no hacer ningún ruido. Allí están, pastando tranquilamente, media docena de ciervos rebuscan entre la hojarasca en busca de comida. Termino de salir del saco, me calzo, corro del toda la cremallera y salgo corriendo de la tienda haciendo aspavientos con los brazos. Mientras de un salto subo a una barbacoa de cemento junto a mi tienda, sin dejar de agitar los brazos, el pánico se adueña de todos los ciervos que salen corriendo en todas direcciones, asustados alzan el rabo enseñándome un mechón de pelo blanco en señal de peligro justo antes de perderse en las profundidades del bosque que linda con la zona de acampada. Mientras camino hasta el baño tronchandome de risa pienso que por lo menos el susto los mantendrá alejados de carreteras y calles una buena temporada.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial,sans-serif; color: #000000;">Despierto temprano y desayuno cuatro bolas de arroz que ayer me prepararon Yunko-san y su nuera, preparo las cosas que quiero llevarme hasta la ciudad y empiezo a descender con cuidado sobre el asfalto humedecido por el rocío. Asusto a un par de perros y a su dueños durante su paseo matinal salgo a la carretera y comienzo a subir la primera de las muchas colinas que hay entre Aioi (que es el municipio en que está el camping) y Himeji.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial,sans-serif; color: #000000;">Entro en Himeji por una avenida que va a dar junto al foso de la ciudadela, saco las fotos que quedan en el carrete y voy a revelarlo. Busco en mi plano turístico de Himeji un banco postal y voy a cambiar dinero, mientras espero el resultado del carrete. Comprar el cuerpo de la cámara me dejó casi sin blanca.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial,sans-serif; color: #000000;">Con la confirmación de que la cámara funciona bien, me lanzo a visitar el castillo y me pierdo durante horas entre los muros haciendo fotos a las blancas paredes y los curvados techos. Aunque lo más sorprendente sea el tenebroso interior. Casi en total oscuridad una procesión silenciosa de turistas descalzos subimos las escaleras y recorremos los suelos de madera de cedro. Las empinadas escaleras que conectan cada planta esquivan gigantescas bigas de madera maciza, que obligan  a agachar la cabeza a casi todo el mundo. Parece estar hecho a propósito para que hagamos una reverencia a los constructores de esta maravilla de la ingeniería. Desde lo alto de la torre se vé la moderna ciudad de Himeji salpicada de pequeñas colinas  boscosas que parecen islas en un mar de tejados y en el nivel mas bajo, el muro exterior, parece un rompeolas en ese mar de edificios. Nada hay más alto que la torre del castillo casi hasta el horizonte.</span></p>
<p align="justify"><span style="color: #000000;"><a class="flickr-image alignnone" title="Ciudadela de Himeji" href="http://www.flickr.com/photos/jesgf/3735308224/" target="_blank"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2522/3735308224_2d830b0dbd_b.jpg" alt="Ciudadela de Himeji" /></a></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Arial,sans-serif; color: #000000;">Pierdo la noción del tiempo y no la recupero hasta que vuelvo a estar en el bastión exterior viendo como juegan los niños en el césped. Son las tres y media. Tengo hora y media para llegar al camping antes de que se haga de noche. Que pena me da no poder quedarme un poco más.</span></p>
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