Sentado aprovecho que el ferri se mueve sin yo tener que hacer nada para escribir. Concentrado en mi mundo me pasa desapercibido el pequeño goteo de pasajeros que salen a cala cubierta. Apago el ordenador y me doy cuenta de que ya se ven los blancos acantilados de Dover.
-¿Ves la linea roja?- Me grita tras una cortina de ruido un empleado de la compañía de ferris. Bajo la rampa de acero y me acerco para poder escuchar mejor lo que me dice.

