Lunes, 11 de Enero del 2009.
Estaba terminando de vestirme cuando por megafonía mi estómago oye la llamada del desayuno. Me siento en la mesa junto con los otros cuatro huéspedes que tiene hoy el albergue a disfrutar de un copioso desayuno. Mi mente aun no está completamente despierta aunque en mi interior ya se empieza a acumular una considerable cantidad de manjares mañaneros. El dueño del albergue trae una última bandeja mientras todos hablamos alegremente al calor de la chimenea.


