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	<title>susonotabi &#187; kyoto</title>
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	<description>Odisea cicloturista de un Suso en Japon</description>
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		<title>7ª Etapa: De vuelta a Omori.</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jun 2009 07:56:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>susonauta</dc:creator>
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Viernes 21 de Noviembre.


Yagi-san y yo salimos hacia su camioneta temprano, él estaba hablador esta mañana y nada mas salir de casa, al ver un enorme canal de hormigón, empieza a contarme historias de cómo eran las cosas antes de la crisis.
Mientras subimos la bici otra vez a la caja del camión me dice-Había [...]]]></description>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Viernes 21 de Noviembre.</span></p>
<p style="text-align: justify;">
<p><a title="Tokio Skyline por Susonauta, en Flickr" href="http://www.flickr.com/photos/jesgf/3653560848/"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3362/3653560848_e7792d509f.jpg" alt="Tokio Skyline" width="500" height="333" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Yagi-san y yo salimos hacia su camioneta temprano, él estaba hablador esta mañana y nada mas salir de casa, al ver un enorme canal de hormigón, empieza a contarme historias de cómo eran las cosas antes de la crisis.</span><span id="more-185"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mientras subimos la bici otra vez a la caja del camión me dice-Había obras inútiles por todos lados, y trabajo para todo el mundo-. Refiriéndose al canal que discurre junto a su casa. Eran los tiempos de la burbuja inmobiliaria. Pronto varía el objeto de las críticas de Yagi-san al ver un coche patrulla en la carretera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-Son unos vagos sólo hacen algo si pasa algo que conmocione a la sociedad y atraiga la atención de los medios de comunicación. Japón es el paraíso de los ladrones, sentencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pronto aparece la siguiente victima ordenando el tráfico en unas obras en la carretera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-El dueño de esa empresa de guardias de seguridad, es un mafioso, ¿los sabías?- me pregunta mientras esperamos que nos den paso -Cómo lo vas a saber si eres extranjero. Después de estar tirados en la carretera por una miseria, se lo gastan todo en las tragaperras, les tienen comido el tarro, son el negocio redondo- suspira mientras el camión reanuda la marcha. -Hay mucha gente pobre en Japón- me dice. -Gente que no tiene donde caerse muerto, trabajando por 600 yenes la hora, o peor aún, recogiendo latas para venderlas por una miseria. Personas que sólo encuentran trabajo temporal a media jornada y pasan la noche hacinados en cibercafés abiertos las 24 horas-. Esa conversación la terminamos desayunando en una cafetería en Kioto, y con la barriga llena, nos despedimos, yo a perderme un poco por Kioto y Yagi-san a sus cosas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Reflexiono sobre todo lo que me contó Yagi-san mientras miro de reojo a la gente que vive debajo de los puentes en pleno Kioto, pasan tan desapercibidos entre todos esos cartones bajo sus techos de plásticos azules, cruzo un puente para ir a visitar el Heian Jingu uno de los muchos templos patrimonio de la humanidad en el centro, y pienso que a esta hora puede que haya alguien durmiendo debajo. Ato mi bici junto a la entrada del templo paseo por los jardines y contemplo un buen rato al resto de visitantes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Me pierdo a propósito por las callejuelas llenas de pequeñas tiendas de todo tipo visito los alrededores del palacio imperial y me tengo que volver ya para Omori. En el camino de vuelta llueve un poco, no lo suficiente para empaparme pero sí lo suficiente como para molestarme. De vuelta en Omori pesimista esperaba encontrarme la tienda inundada, abro la cremallera y mato sin contemplaciones una araña que se convirtió en pelusa bajo mi zapato, ceno, me despido del baño, planifico mi ruta hacia Osaka y a dormir.</span></p>
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		<title>7ª Etapa: La venganza de Kioto.</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Jun 2009 23:10:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>susonauta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mi primer viaje por Japón]]></category>
		<category><![CDATA["Templo dorado"]]></category>
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Jueves, 20 de noviembre
Suena el despertador. Son las siete, me despierto, hace demasiado frío así que a dormir hasta que abran el bar a las nueve. Mi plan era volver a bajar hasta la carretera y coger el bus de vuelta Kioto, pero cruzo el pequeño puente que separa la zona de acampada del bar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"><a href="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/06/d00114.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-175" title="Templo dorado" src="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/06/d00114.jpg" alt="" width="500" height="333" /></a></span><!-- 		@page { size: 21cm 29.7cm; margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } --></p>
<p><span style="color: #000000;">Jueves, 20 de noviembre</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Suena el despertador. Son las siete, me despierto, hace demasiado frío así que a dormir hasta que abran el bar a las nueve. Mi plan era volver a bajar hasta la carretera y coger el bus de vuelta Kioto, pero cruzo el pequeño puente que separa la zona de acampada del bar y me topo con el dueño nos damos los buenos días y se ofrece a  acercarme a Kioto en coche dentro de un rato que tienen que bajar hasta la ciudad también. Mientras espero me acerco a ver un caballo que tienen para dar paseos a los clientes. El animal, ansioso espera su desayuno. Nervioso, huele mi mano en cuanto la alargo e intenta lamerme o morderme. Es más bien pequeño, como un asturcón, pardo, de crin corta, y nariz ancha.<span id="more-155"></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;">De vuelta en Kioto, recupero mi bici y continúo mi ruta turística donde lo dejé el día anterior. Un bosque en medio de la ciudad me llama la atención. Unas escaleras y luego un sendero entre los árboles asciende por la colina. A los lados capillas en ruinas, pequeñas imágenes de Buda cubiertas de musgo a los pies de los árboles. Y en lo alto de la colina un gigantesco cementerio. Miles de estelas marcan las tumbas y al fondo por encima de las copas de los árboles se puede ver la ciudad extendiéndose hasta el horizonte.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><a href="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/06/d00115.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-176" title="Templo dorado" src="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/06/d00115.jpg" alt="" width="500" height="333" /></a></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Los alrededores del Templo dorado el un remolino de turistas, autobuses, jubilados, coches. Rodeado de tiendas de recuerdos, comida etc. Una monja joven vestida de blanco y rojo me vende la entrada. Me sorprendió su tamaño tenía la impresión de que sería mucho más pequeño. Parecía de mentira. El reflejo un estanque, el jardín de bonsais, las rocas, las carpas. Pasé bastante tiempo junto a la entrada observándola reacciones que la gente al entrar. A la mayoría le pasaba lo mismo que a mí, le sorprendía al tamaño les parecía de mentira. Seguía recorrido escuchando las explicaciones de un guía y disfruté viendo el templo a través del objetivo de mi cámara.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">La salida parecía un festival se vendían todo tipo de cosas, amuletos, camisetas, lápices, velas, un hombre me ofreció en inglés una botella de sake, supongo, con virutas de oro. Será la versión japonesa del cava de oro.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Vuelvo a montar en mi bici y voy hacia el castillo, o eso pienso, por que me acabo de perder. Después de unas cuantas vueltas, por las estrechas calles doy con mi objetivo. Tengo que dejar mi bici en un aparcamiento para bicis y me clavan unos cuantos yenes si no quiero arriesgarme a que me la lleve la policía por dejarla mal aparcada, arriesgandome a que se la lleve la grua. No sería el mayor de los problemas y es que las bicis japonesas tienen una identificación que asegura que es tuya, y claro como me traje mi bici conmigo yo no tengo de eso.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><a href="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/06/d00118.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-177" title="Castillo de Kyoto" src="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/06/d00118.jpg" alt="" width="500" height="333" /></a></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Tras los muros del castillo el palacio, al que sólo se puede acceder descalzo y permanece con las ventanas cerradas para preservar las impresionantes pinturas y tallas. Hay algo mágico en aquellas habitaciones, y las pinturas son tan simples y llenas de detalles al mismo tiempo; me sorprende como crean la sensación de estar en plena naturaleza y como, al igual en un bosque, lo más maravilloso pasa desapercibido si no le prestas atención un rato. Es una pena que no se puedan hacer fotos, de hecho no está permitido ni siquiera pararse a hacer dibujos. El exterior del palacio también es sorprendente, parece cualquier cosa menos un castillo y si no fuese por los muros y los caminos de ronda lo habrían conseguido. Los jardines están hasta tal punto cuidados que parecen un decorado, cada árbol podado el césped recortado a mano con unas diminutas hoces. Todo el exterior del palacio es un jardín inmenso e irreal lleno de pequeños rincones, piedras de formas inverosímiles y gigantescas carpas de colores.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Regreso al Japón contemporáneo, para ir hasta la casa de Yagi san. La noche anterior me había hecho un croquis con las indicaciones para llegar a su casa, y todo fué bien hasta que llegúe a la estación de tren. Ya era de noche yo MBK y mi pequeña linterna nos equivocamos de camino. Termino llamando a Yagi san por teléfono y regresando a la estación de tren. Allí me esperaba en su camioneta llena de cacharros, pilas de revistas, periódicos y cartones. Pero los contenidos de su casa eran mucho mas extravagantes. Nos descalzamos en la entrada y apenas si había espacio entre la enorme cantidad de muebles antiguos, estatuas de todos los tamaños, que se yo lo que habría allí cientos de cosas no, miles de cosas. En una esquina había veinte o treinta cuadros unos junto a los otros, también había alfombras y tapices enrolladas sobre un armario. Mientras cenábamos sentados en el suelo junto a la chimenea llamó a su mujer por teléfono, termino mi cuenco de arroz y me pasa el teléfono para que hable con ella, desempolvo mis mejores modales y charlamos un poco sobre mi viaje. Después de la cena Yagi san me enseña el resto de la casa, y para mi sorpresa, esta casa no deja de sorprenderme, hay una habitación llena de instrumentos musicales, parece un estudio de grabación hay una batería un bajo varias guitarras eléctricas y acústicas dos teclados amplificadores, un saxofón y una trompeta. Mi anfitrión es un gran aficionado a la música aunque me confiesa que no toca bien ningún instrumento.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Hoy ha sido un día lleno de sorpresas, espero que mañana sea por lo menos la mitad de emocionante.</span></p>
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		<title>7ª Etapa: ¿Cómo llegar a Omori y no morir en el intento?</title>
		<link>http://www.ribadair.com/blog/archives/146</link>
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		<pubDate>Thu, 11 Jun 2009 20:25:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>susonauta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Martes 18 de noviembre

La ruta es bastante más dura de lo que tenía pensado, primero la comarcal de 311ascenciendo entre los arrozales en terrazas, después la nacional 477 hasta un túnel  por el que no puedo pasar en bici, así que tengo que tomar una ruta alternativa. Luego cuesta abajo hasta unas casas siguiendo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;">Martes 18 de noviembre</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><a href="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/06/e5b08fe9878ee4b8ade3838ee794ba.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-157" title="Ononakanocho" src="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/06/e5b08fe9878ee4b8ade3838ee794ba.jpg" alt="" width="400" height="300" /></a></span></p>
<p><span style="color: #000000;">La ruta es bastante más dura de lo que tenía pensado, primero la comarcal de 311ascenciendo entre los arrozales en terrazas, después la nacional 477 hasta un túnel  por el que no puedo pasar en bici, así que tengo que tomar una ruta alternativa. Luego cuesta abajo hasta unas casas siguiendo de nuevo la nacional 477 hasta el fondo del valle, cruzo el arrollo avanzo un poco y me está esperando una fuerte pendiente. Me arrepiento y cambio de planes iré hasta el Camping de Omori. Desciendo por la nacional 367 hasta Ohara. Como algo en un aparcamiento. Es una zona rural, con casas de tejado de teja y algunas, las menos, con tejado de paja. Me acerco a verlo de cerca, pero los perros no se sienten cómodos en mi presencia y montan un buen espectáculo nada más acercarme. Sólo había casas a un lado de la carretera, al otro lado huertas e invernaderos a lo lejos, se veía gente trabajar en los campos y de vez en cuando, el ruido de un camión retumba por el valle, mientras desciende a toda velocidad por la general.<span id="more-146"></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Salgo del pueblo y comienzo el ascenso por la carretera local 40 rumbo a Omori después, por la local 61. Siempre por un valle estrechísimo con bosques de pinos y cedros apelotonándose en las dos laderas. Con cada curva que tomo parece que se estrecha aún más la carretera y al ser carreteras muy poco transitadas apenas había señalización por no tener, no tengo ni a quien preguntar donde estoy. No encuentro ninguna indicación para la local 107 que tendría que llevarme hasta Omori y sin estar muy seguro tomo un camino fiándome de mi instinto. De vez en cuando hay alguna casa, cruzo un pequeño puente, paso junto a un templo, una capilla y a medida que avanzo la carretera parece estar menos transitada. Hasta que deja de estar asfaltada. Si llego hasta a la cumbre puedo hacerme una idea de donde estoy y mientras me pregunto qué hacer, empieza a llover. Como y bebo resignado. Tendré que desandar el camino hasta estar seguro de dónde estoy.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><a href="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/06/imgp0871.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-160" title="imgp0871" src="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/06/imgp0871.jpg" alt="" width="500" height="332" /></a></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Me dejo bajar y en poco tiempo estoy en Kioto. Puedo decir que estoy un poco menos perdido. Continuo en la misma dirección hasta que un cruce me saca de dudas. Dos carreteras señalan un punto exacto en mi mapa y ya puedo tomar una dirección concreta. Pero ya se esta haciendo tarde y lo que es más serio, los kilómetros empiezan a pasarme factura. Temo que a este ritmo terminaré durmiendo en alguna cuneta, pienso mientras me enfrento a unas rampas a la salida de Kioto, pero una vez pasada la estampida de autobuses de la zona muy turistica de nombre propio de trabalenguas (Umegahatanakajima cho), el terreno es menos desfavorable y empiezo a albergar esperanzas de llegar hasta Omori, por lo menos no demasiado tarde.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Son las cinco de la tarde al me desvío de la nacional hacia &#8220;Omori&#8221; en &#8220;Ononakano cho&#8221;  flanqueado por unos álamos enormes hay un pequeño templo cubierto de pequeñas hojas amarillas, es una pena que no pueda hacer fotos de este pequeño rincón, pero tengo un poco de prisa. Ya sólo me faltan cinco kilómetros. ¿Qué era eso después de 80? ¡Una eternidad! El camino es bastante llano, aunque pica un poco hacía arriba y se hace de noche por momentos. Después de algo más de cinco kilómetros sobre el tejado de lo que parecía un garaje de chapa, un cartel reza: &#8220;camping Omori&#8221;. Me quedo de piedra. No puede ser. Me parece estar viviendo en un comic de Mortadelo y Filemón e Ibañez se estaba tronchando.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Es prácticamente de noche, perdida ya toda esperanza, enciendo mi linterna y por inercia continuo empujando mi bici. ¿Algo no me encaja? ¿estoy escuchando música?  Pienso mientras recupero la compostura. Es un susurro rítmico demasiado débil para poder asegurarlo. Subo un poco más, veo unas luces y todo encaja. La música proviene de ese lugar. Aquello era lo que buscaba. Un alivio inmenso aligera mi paso. Ya escucho con claridad era música country en lo más profundo de Japón. Resulta irónico.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Dejo mi bici apoyada en una alambrada, paso hasta el mostrador, asegurandome de que puedo pasar calzado  y digo algo y claro -¿Hola? ¿hay alguien?- para mi sorpresa, sale un chico no demasiado sorprendido, o por lo menos esa es la impresión que me da.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">-¿Tienen duchas?- pregunto mientras relleno mis datos en un papel.<br />
-No, lo siento mucho, aquí solo tenemos <em>ofuro</em> (baño estilo japonés)- me responde disculpándose; pero aquello era música celestial. Me daban ganas de salir corriendo y saltar en la bañera vestido.<br />
-No, no.- respondo. -El ofuro es mucho mejor.- donde va a parar pienso.<br />
-Entonces a partir de las siete ya puede pasar al ofuro- me responde mientras marca con el lápiz en una casilla.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><a href="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/06/e3818be3818d1.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-159" title="kakipaso" src="http://www.ribadair.com/blog/wp-content/uploads/2009/06/e3818be3818d1.jpg" alt="" width="500" height="376" /></a></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Después de mi ansiado baño intento conversar con el chico que me atendíó nada más llegar. Mientras compartimos un Kaki me desvela los misterios ocultos tras los kakis colgados en ristras bajo los aleros de las casas. Eran kakis pasos, en japonés, hoshikaki. Posiblemente muy valiosos en otros tiempos en que no había manera de comer fruta fresca en pleno invierno. Luego me habló del festival de Gion, durante el cual construyen un carro enorme de más de tres toneladas de madera y todo unido sin usar un solo clavo, sólo cruzando maderos y amarrando los con cuerdas. Para luego llevarlo en procesión por las calles de Kioto. El carro que carece de dirección asique para hacerlo girar por entre las calles, tienen que frenar las ruedas con cañas de bambú, maniobra esta muy aplaudida por el público que viene a contemplar el festival.</span></p>
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