Después de algún que otro contratiempos ya tengo mi billete de avión y si todo sale según lo planeado la primera semana de septiembre estaré volando hacia Tokio vía Dubai con Emirates.
Viernes, 9 de Enero del 2009.
Debajo de la autopista espero resignado a que deje de llover, o a que me hagan ya la autopsia de una vez. Podría al menos volver a lloviznar que es lo que lleva haciendo toda la mañana.
Esto no es lo que me prometió el hombre del tiempo ayer por la noche. No hace demasiado frío, pero tampoco soy capaz a entrar en calor, porque cada dos minutos tengo que parar en un semáforo, con cuidado de no ahogarme en los charcos. Y para colmo no se que le pasa a mi bici, que en el momento que le pongo las alforjas todo es menos hermoso, los coches pasan mas cerca y las faldas son mas largas.
Madrugada del Jueves 8 de Enero del 2009
Tumbado en mi futón intento conciliar el sueño, con mi mano dolorida aún tras el mordisco del gato. Las luces de la calle bailan a medida que resbalan las gotas de agua que se condensa en la ventana. Respiro hondo, me tapo hasta las orejas y cierro los ojos.
Aún estaba en la misma posición, cuando el ruido de la puerta de mi habitación deslizándose lentamente me despierta.
-Es aquí- me dice Kaori señalando con la mano un pequeño edificio de apartamentos.
-Vamos a dejar la bici ahí debajo y a meter tus cosas dentro de casa- dice Kaori bajando se de su bici casi sin esperar a detenerse.
Con las alforjas en el hombro y la tienda en la mano paso con cuidado de no tropezar con alguna de las bicis que hay aparcadas, junto a la puerta trasera del edificio. Kaori subida al primer escalón de los cinco que dan acceso al bajo, me espera con la bolsa del manillar contra el pecho. Seguir leyendo »
Miércoles, 7 de Enero del 2009.
Sentados en el kotatsu Kaori y Hamachan comentan que lugares visitar mirando un callejero de Tokio, mientras yo agarro mi chaqueta.
Hamachan sigue revisando el callejero mientras yo saco a Emebeka-dono con cuidado de no tirar las bicis de los vecinos. Mientras damos las primeras pedaladas, por las estrechas calles de Setagaya, me comenta que vamos a visitar sitios que a él le gustan de la ciudad. Al principio comenzamos muy suave pero a medida que el tráfico se hacía mas denso y las calles mas anchas empezamos a correr entre lugar y lugar en el que nos paramos unos instantes a que yo hiciese unas fotos. Casi sin darnos cuenta estábamos mirando el reloj por que era ya la hora de comer.
Martes, 6 de Enero del 2009.
-¿Que vais a hacer ahora?- pregunta Rumiko mientras se seca las manos a un trapo de cocina.
-Podríamos esperar a que termines, y cenar los tres en casa.- contesta su hermana.
-A mi no me apetece cocinar- las dos chicas se quedan calladas y me miran.
-A mi no me miréis, os garantizo que cualquier cosa que yo cocine no va a ser comestible-
-Yo tengo cupones descuento para pizza- sugiere Hama-chan que vuelve con la bandeja cargada de vasos y platos de una mesa.
-Os recuerdo que soy de España, no de Italia- digo durante un cruce de miradas.
-Si a Suso le parece bien a mi también.- afirma Kaori.
-Yo no teniendo que cocinar…- dice dice la hermana mayor.
-Decidido pues.- dice Hama-chan mientras llena el lavavajillas.
Sábado, 3 de Enero del 2009.
Anda que como será el careto del capullo que dejó se dejó esta ventana abierta me pregunto mientras pongo la lavadora y me subo las solapas de albornoz del hotel en un vano intento por evitar la hipotermia. Salgo de la lavandería y corro hasta mi habitación a refugiarme del frío bajo mágico chorro de aire caliente que sale de la pared. Me preparo un Kappumen y con cuidado de no mancharme yo ni el ordenador sorbo los fideos mientras leo mi correo. Sorbe que te sorberá estaba yo con el caldo cuando el Messenger me dice que alguien me ha agregado a su cuenta. Le doy a aceptar aunque no conozco la dirección, y en mi lista de contactos conectados aparece Kaori.
Martes, 6 de enero del 2009.
Ayer por la noche estaba demasiado cansado como para sentirme como una hormiguita entre los rascacielos de Yokohama, pero esta mañana me siento como un liliputiense mientras esquivo a los coches mal aparcados cerca de la estación de tren de Yokohama. Inspecciono los límites de mi cuello contorsionándome para poder mirar con detenimiento los rascacielos, mientras el número de pisos de los edificios disminuye y el de carriles en la carretera aumenta.






