Ya llevo unos días en KL y no puedo decir que todo sea perfecto, hay dos problemas con la ciudad para uno ya estaba más o menos preparado, pero el otro fue una gran sorpresa.
KL es el lugar más incómodo para los peatones en los que he estado nunca, los pasos de cebra son anecdóticos y solo existen en lugares muy pero que muy concurridos, el funcionamiento de los semáforos es un misterio y plantearse ir caminando a algún sitio puede ser toda una aventura desorientadora. Ayer, decidí acercarme a un grupo de museos durante el día para no estar todo el día encerrado, así que tomé el monorrail hasta una estación a 800m escasos de la entrada de los museos, pero una calle/autopista se interponía entre mi camino. Dando un tremendo rodeo conseguí llegar hasta los museos y me pasé unas cuantas horas curioseando y comiendo. Pero después de unas horas tocaba el camino de vuelta. Tranquilamente me fijé en la gente que había por la calle y como vi que cuatro o cinco personas tomaban la misma dirección decidí seguirlos, y descubrí así la ruta corta para llegar desde la esetación de trenes hasta el museo. Una ruta en la que hay que cruzar la calle cuatro veces por lugares sin pasos de cebra y caminar un buen pedazo por un tramo de calle sin acera, para acceder al “aparcamiento de un hotel” cruzar por el subterraneo y aparecer así frente a la estación.


