Lunes, 12 de Enero del 2009.
Sentado a la mesa, después de cenar, compartimos un té y el yôkan que me regalaron esta mañana. Por debajo de la mesa, altiva con su rabo tieso pasea la gata. La verdadera dueña de la casa me ignora descaradamente, mientras en silencio, corto un trozo del dulce, lo meto en la boca y sorbo un poco de té para mezclar los sabores en la boca.
Ella se levanta de la mesa mientras yo sigo absorto en mis cosas y unos minutos mas tarde vuelve con lo que me pareció un cojín. Corrió una cremallera y salió una botella de plástico, junto a la estufa desenroscó el tapón, y con cuidado lo llenó del agua de la enorme tetera que humea sobre la estufa de queroseno.

