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9 de Septiembre del 2010
Poco antes del amanecer el viento arreció. Poco a poco, gracias a una luz lechosa pude ver como había cambiado el paisaje a mi alrededor. Las ramas secas y débiles que ayer aun colgaban de los árboles habían sido arrancadas por el viento y estaban esparcidas por todas partes. Ayer, el suelo del bosque parecía una alfombra ocre con olor a madera. Hoy parecía mas bien un puré marrón oscuro del que asomaban ramas negras cubiertas de moho que hasta hace unas horas se descomponían plácidamente bajo una capa de agujas de cedro. No era yo el único que las había pasado canutas esa noche, cuando asomé la cabeza bajo la hamaca en busca de mis botas vi a unos cuantas arañas y a escarabajos que se habían resguardado debajo de mi.

