Domingo, 11 de Enero del 2009.
Desde la puerta del albergue me miran los dueños, mientras yo cargo mi equipaje en la bici. Ajusto el último pulpo y la señora se acuerda de algo.
-Un momento- dice mientras se descalza y vuelve al interior.
Instantes después sale con dos mandarinas en la mano.
-Muchas gracias- digo mientras me las guardo en el bolso de la espalda y empujo la bici por la gravilla antes de despedirme con la mano y ponerme en marcha definitivamente.
La ciudad aún está dormida. Apenas hay coches y casi no se ve a nadie entrando o saliendo de la estación de tren. Pedaleo a través del frio aire de la mañana hasta la nacional. Atravieso la llanura llena de casas y negocios, cruzo miles de arroyos que se juntarán para formar el rio Fuji, mientras me acerco a las escarpadas laderas de los Alpes del sur.



