Desde Siberia vino un viento a congelar todo Oviedo, y yo no pude hacer otra cosa que salir a recordar viejos tiempos e ir a dar una vuelta. En ningún momento eché de menos las alforjas y sólo me faltaba el aliento de vez en cuando. More »
Desde Siberia vino un viento a congelar todo Oviedo, y yo no pude hacer otra cosa que salir a recordar viejos tiempos e ir a dar una vuelta. En ningún momento eché de menos las alforjas y sólo me faltaba el aliento de vez en cuando. More »
Lunes, 12 de Enero del 2009.
Sentado a la mesa, después de cenar, compartimos un té y el yôkan que me regalaron esta mañana. Por debajo de la mesa, altiva con su rabo tieso pasea la gata. La verdadera dueña de la casa me ignora descaradamente, mientras en silencio, corto un trozo del dulce, lo meto en la boca y sorbo un poco de té para mezclar los sabores en la boca.
Ella se levanta de la mesa mientras yo sigo absorto en mis cosas y unos minutos mas tarde vuelve con lo que me pareció un cojín. Corrió una cremallera y salió una botella de plástico, junto a la estufa desenroscó el tapón, y con cuidado lo llenó del agua de la enorme tetera que humea sobre la estufa de queroseno.
Lunes, 11 de Enero del 2009.
Estaba terminando de vestirme cuando por megafonía mi estómago oye la llamada del desayuno. Me siento en la mesa junto con los otros cuatro huéspedes que tiene hoy el albergue a disfrutar de un copioso desayuno. Mi mente aun no está completamente despierta aunque en mi interior ya se empieza a acumular una considerable cantidad de manjares mañaneros. El dueño del albergue trae una última bandeja mientras todos hablamos alegremente al calor de la chimenea.
Domingo, 11 de Enero del 2009.
Desde la puerta del albergue me miran los dueños, mientras yo cargo mi equipaje en la bici. Ajusto el último pulpo y la señora se acuerda de algo.
-Un momento- dice mientras se descalza y vuelve al interior.
Instantes después sale con dos mandarinas en la mano.
-Muchas gracias- digo mientras me las guardo en el bolso de la espalda y empujo la bici por la gravilla antes de despedirme con la mano y ponerme en marcha definitivamente.
La ciudad aún está dormida. Apenas hay coches y casi no se ve a nadie entrando o saliendo de la estación de tren. Pedaleo a través del frio aire de la mañana hasta la nacional. Atravieso la llanura llena de casas y negocios, cruzo miles de arroyos que se juntarán para formar el rio Fuji, mientras me acerco a las escarpadas laderas de los Alpes del sur.